La mediación familiar

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La mediación familiar fue introducida en el año 2005 en nuestro Derecho común a través de la previsión contenida en el artículo 770.7º de la Ley de Enjuiciamiento Civil, que posibilita a las partes, de común acuerdo, a solicitar la suspensión del proceso y acudir a la mediación. La novedad introducida por este nuevo apartado del artículo reside en la mención expresa que hace de la mediación familiar como causa posible de la suspensión del proceso, puesto que la posibilidad de solicitar la suspensión del procedimiento ya estaba contemplada en la ley.

La finalidad de esta alusión a la mediación es la de impulsar su utilización, considerándola como un mecanismo apto para reducir las consecuencias derivadas de la separación y el divorcio, mantener la comunicación y el diálogo y garantizar la protección del interés superior del menor.

Así, la mediación puede servir como medio de reflexión a la hora de tomar decisiones sobre el futuro del matrimonio. Reflexiones que antes podían llevarse a cabo durante el período de separación obligatorio previo al divorcio, pero cuya obligatoriedad fue eliminada en el año 2005.

Además, mediación familiar y reconciliación no son equivalentes, ya que mientras la reconciliación es un resultado, la mediación es una actividad que puede dirigirse a obtener ese resultado, pero también otros diferentes.

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